En términos generales, toda comunidad se asienta y se circunscribe en un territorio, pero el territorio no es solo un espacio geográfico y administrativo, es también un lugar físico y muchas veces simbólico, de donde surgen relaciones sociales de complementariedad, de competencia, de conflicto y, en, de vida grupal. En este sentido, el territorio constituye un espacio de vida. Igualmente, este espacio esta sujeto a transformaciones económicas, estructurales, tecnológicas, culturales, entre otras.
El conocimiento del territorio requiere el conocimiento y reconocimiento de los grupos sociales que se desenvuelven en ese espacio físico y simbólico, representativo o referenciado. Este espacio aparece a veces limitado, otras veces cerrado; en ocasiones es la base fundamental de la libertad, la identidad o solidaridad, la inclusión o la segregación, destacando siempre la importancia de los valores actuales culturales y sociológicos de quienes lo habitan. Puede decirse que como proyecto, el concepto de territorio hace alusión a planificación, en función de un objetivo o norte especifico a seguir dentro de un marco histórico, tradicional, artificial de hechos sociales y culturales que pueden ser moldeados, desarrollados o potenciados según el interés propio de los agentes que allí conviven, lo cual no es otra cosa que planificación de su desarrollo económico, sobre la que se asientan y en las que se desenvuelven los distintos agentes sociales e institucionales que participan en el propio desarrollo comunitario o local. Es así, que los principales elementos del desarrollo local son: la población, el medio físico y natural, la infraestructura y equipamiento, los recursos financieros, los servicios sociales, sanitarios, educativos y culturales, el grado de satisfacción personal y las relaciones interpersonales. Y dentro de los principales actores se encuentran: la población, las administraciones (públicas y privadas), los centros educativos, los servicios sociales y sanitarios, las empresas, las agencias de desarrollo local y las asociaciones.
Las innumerables interrelaciones que se establecen entre los múltiples actores del desarrollo local, así como los diversos grados de cultura, socialización, capacidad emprendedora, disposición o ubicación de recursos naturales, idiosincrasia, entre otros; así como la manera como estén sustentadas las relaciones de poder en un sistema de gobierno multinivel, que impliquen determinados mecanismos políticos de asignación y distribución de competencias y recursos financieros hacia las localidades o territorios, determinaran que unos sean ricos y otros pobres.
Puede observarse del análisis hecho sobre la concepción teórica del proceso de participación ciudadana en el desarrollo local, que es una variable clave y muy compleja que abarca diferentes campos de acción del ciudadano como ser social y de cuya activación en forma permanente y sostenida, es que depende el éxito o fracaso de cualquier plan o proyecto de desarrollo local a mediano o largo plazo, cuya visión debe necesariamente ser integral dentro de la localidad o territorio donde se ejecute, a objeto, precisamente de hacerlo sostenible y sustentable en el tiempo. En virtud de la cruda realidad social y política que afronta Venezuela actualmente, en medio de un proceso socio-político altamente polarizado, donde aquellos ciudadanos, grupos sociales y sociedad civil en general, que no estén de acuerdo con los preceptos ideológicos del máximo líder político, son excluidos totalmente del sistema participativo en pro de mejoras económicas en sus regiones o territorios de acción, no puede preverse otra cosa que la participación ciudadana y el desarrollo local en Venezuela representan una verdadera utopía, muy lejana de hacerse realidad, pues la amenaza sobre el régimen democrático y pluralista, cada vez se hace mas evidente y concreto, en el marco de un verdadero proceso de desconocimiento de los preceptos constitucionales legalmente establecidos y aprobados por el pueblo venezolano en el año 1999.
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